El mundo oscila en un vaivén infinito, y en su danza nos debatimos entre ser testigos o dejarnos llevar por el vértigo de lo posible. Nos señalan un rumbo y aceptamos, suspendidos sobre el océano de caminos latentes.
El viento nos desafía o nos sostiene, la presión nos impulsa o nos frena.
¿Nos movemos por elección o por inercia?
Entre lo impuesto y lo incierto, la estructura vacila, el orden se fragmenta. En la suspensión del tiempo, algo se rompe, algo nace.
En la decisión encontramos la paz.
¿Dónde flotamos?