Los sueños de mi prima Aurelia es la pieza en la que Lorca estaba trabajando en el verano de 1936, cuando los infaustos sucesos le segaron la vida. Es curioso que en ese momento retornara a su infancia, con esta crónica granadina de fuertes resonancias autobiográficas, entre cuyos personajes aparece "el niño Federico".
Obra de fantasías compartidas, en torno a la que quizá sea la figura femenina más esperanzada del teatro lorquiano, la prima Aurelia.
A partir de un Taller de Exploración, Miguel Cubero, actor del elenco Abadía, ha configurado un espectáculo que, tomando como eje la Prima Aurelia y jugando con motivos de otros textos inconclusos, evoca los últimos meses de la vida del poeta. Un montaje con música en directo, marcado por la fragilidad de lo inacabado.