Roland es un monodrama de deseo y música. Roland es una herida abierta, unconflito con la vida, una contradicción perpetua y una búsqueda de amor infinito.
En este proyecto quiero ser sincera, irónica y doméstica, y compartir con vosotros un viaje sonoro desde la emoción y el goce, intentando generar complicidad e identificación desde la fragilidad. Cuerpo, palabra, sonido y luz construyen un espacio compartido con la audiencia en el que activo un dispositivo escénico basado en un sintetizador Roland, la voz, la presencia y la escucha. La música funciona como motor energético y estructural, empujando la pieza hacia lo performativo, lo confesional y lo político desde una vulnerabilidad radical.