Una intervención que ofrece una experiencia breve, pero bastante visceral, y que provoca un derrocamiento anárquico de las reglas y normas sociales, con pequeños actos que ponen luz en esta sociedad establecida donde manda lo impersonal y deshumanizado.
Murmuyo se apoderan de los cruces concurridos, juega con los conductores y anima a los espectadores a ayudarle. Vestido con mono rojo, negro, amarillo y blancos, con nariz de payaso y un lenguaje particular, transforma una calle con tráfico en un terreno de juego para sus actos anárquicos.
Esta intervención atrevida e incómoda, gestada hace más de 30 años en Chile, obliga a las personas ocupadas en sus actividades diarias a comprender de manera bastante visceral lo que significa ser objeto de diversión o de ridículo. Nadie está a salvo de la vergüenza, pero este espectáculo obliga al público a preguntarse si quiere vivir en una sociedad que disfruta de semejante burla (tan evidente en gran parte de los reality shows y del actual discurso politico).
SU-SESO se apoya en el peligro para su atractivo: el peligro físico que proviene de jugar en el tráfico, pero también de reacciones inesperadas de los transeúntes y conductores que se convierten en objetos de diversión, incluso de ridículo, dentro de la actuación.
También anima a las grandes multitudes no sólo a apoyar y recompensar los actos, sino también a unirse a ellos. Al poner a prueba y superar los límites, al desafiar la paciencia, la tolerancia y el buen humor de un conductor, o avergonzar a un espectador que de repente se encuentra participando en un espectáculo, llama la atención sobre las normas sociales en el espacio público que nosotros damos por sentado.
Se apodera del espacio público y reescribe cuál es el comportamiento aceptable allí, por lo que de manera provocativa cuestiona los conceptos democráticos de libertad, derechos individuales y acción.