REGISTRO

ESPECTÁCULOS

Teatro

TODOS A BORDO

Subgénero:
Teatro Musical
Duración:
01:10
Fecha de Estreno:
21 diciembre 2025
Compañía/Artista:
Orquesta de las Esquinas
Distribuidor/a:
Orquesta de las Esquinas
Autoría:
Orquesta de las Esquinas
Dirección:
Joaquín Murillo
Intérpretes:
DIRECCIÓN MUSICAL Teresa Polyvka MÚSICOS Tereza Polyvka Zeynep Yamaner Alberto Navarro Ana Salazar Rubén García Alejandro Carralero Jorge Layana Rubén Mompeón Luis Salas Marta Herrera ACTOR Pablo Lagartos
Adaptación:
Orquesta de las Esquinas
Dramaturgia:
Joaquín Murillo
Escenografía:
Teatro Che y Moche
Vestuario:
Ana San Agustín
Música:
Victor Rebullida/Orquesta de las Esquinas
Iluminación:
Saul Blasco
Sonido:
Marc Pascual
Formato:
Mediano

Zarpamos de crucero y justo al hacerlo paramos el barco desde el mismo patio de butacas tirando entre todos de las amarras para que la Orquesta pueda embarcar, han llegado tarde y eso es solo el preludio de las disparatadas situaciones que nos harán vivir en un viaje sorprendente alrededor del mundo…Francia, Italia, Grecia, Brasil, Japón, Austria… estos y muchos más países serán la excusa perfecta para interpretar los hits de la música sinfónica más conocida, popular y admirada en el mundo. La música será el medio perfecto en este excéntrico crucero para hacernos vivir las más locas aventuras; tempestades, naufragios, ataques piratas, cenas de gala…  Una disparatada propuesta musical que une pueblos, gentes, tierras y tradiciones sin prejuicios ni complejos a través de la música, las nuevas tecnologías y el buen humor.


 Llevar esta fiesta al Teatro es invitar al público a un espectáculo diferente: el que une música clásica y ritmos vertiginosos, virtuosismo y humor, tradición y desparpajo. Es poner a las familias en pie, regalarles brisa de mar en la cara y dejarles un regalo pegado en la memoria: el recuerdo de que los grandes compositores de la historia, si quisieran, también se subirían a este crucero para repartir alegría y belleza a lo largo y ancho del planeta.


 La verdadera proeza radica en que los once intérpretes no solo tocan, sino que actúan, cantan, se desplazan por el espacio con precisión coreográfica e interactúan con el público sin que la calidad musical se resienta. El concepto de músico-actor alcanza aquí su plenitud: cada cambio de arco, cada fraseo, cada gag gestual está milimétricamente sincronizado con la partitura y con los efectos audiovisuales, de modo que la frontera entre concierto y representación dramática se volatiliza. 


Esa conjunción de disciplinas —reforzada por un vestuario aristocrático de concierto y una iluminación que evoluciona con la partitura— convierte la función en un rito colectivo donde adultos y niños comparten sorpresa y asombro.