Una tragicomedia sobre la soledad no deseada.
El título de la obra hace referencia a la frecuencia de un extraño sonido registrado en los últimos 35 años en distintos lugares del Pacífico, similar al canto de una ballena azul. Pero las ballenas azules se comunican en frecuencias que van de los 10 a los 39 hercios, por lo que la voz de esta extraña ballena solitaria, vibrando a 52 hercios, queda fuera del umbral auditivo de la especie. Ninguna otra ballena ha podido jamás escuchar su llamada.
Se supone que la Ballena de los 52 hercios o Whalien 52 puede ser sorda de nacimiento, y que por eso nunca aprendió a emitir su canto en la frecuencia correcta. La obra utiliza la metáfora de esa ballena solitaria, convertida en un símbolo del aislamiento social, para hilvanar una mirada poliédrica sobre
personas que están sufriendo o han padecido momentos de soledad no
deseada.
El eco de ese sonido traspasa el texto y la puesta en escena, en un tono no realista, lleno de imágenes poéticas y coreográficas.