La obra es un homenaje a la vida y obra del poeta Luis Cernuda, coincidiendo con el centenario de la Generación del 27. Explora la "geografía poética" del autor, centrándose en el cuerpo como eje simbólico, orgánico y perceptivo, un elemento central en su escritura que hasta ahora no había sido abordado integralmente desde la danza y se presenta como un "musical coreográfico". En ella, las fronteras entre la danza, el teatro y lo performativo se desdibujan para crear un lenguaje donde la voz baila y la danza habla.