Es verano, la brisa de la noche da un
respiro al calor asfixiante del mes de
agosto. Una pista de baile rectangular
decorada con guirnaldas de luz y, ¿por qué
no? banderines. Un cartel de felices fiestas
de pueblo, o de barrio. Filas de sillas
dispuestas en los dos laterales más largos
de la pista.
En mitad de la plaza, la pista de baile, el
centro sobre el que pivota el espectáculo.
La mayoría de la iluminación será para ella,
y vibrará o se apagará con el latir de los
corazones de los allí congregados. Una
bola de espejos flota en el centro. En el
frontal de la pista, un pequeño escenario
en el que entra un piano y un pequeño
hueco para el violinista y el cantante. Telas
de colores, candilejas y guirnaldas coronan
el escenario.