No tener abuelas es una invocación a la ausencia. A través de la figura universal de "la abuela", la pieza cuestiona la invisibilidad y el desarraigo de quienes sostuvieron la memoria en las sombras. No es una obra de autoficción, sino una ceremonia de evocación donde el audiovisual, el objeto cargado (la piedra, las sillas vacías, los botes de polvo), la interpretación de Huichi Chiu y el diseño sonoro en escena de Víctor Velasco dialogan para generar un espacio de resistencia y reconciliación.
La propuesta establece un diálogo entre dos procesos históricos: las guerras civiles de España y China. Frente a la lógica del teatro como producto de consumo, el proyecto reivindica el rito: un encuentro sobre el origen y la despedida que solo se completa en el silencio y la mirada del espectador.
Se complementa con un laboratorio de mediación intercultural que une a mujeres de diversas procedencias a través del canto, baile y la memoria compartida.