A Carmen Polo de Franco, esposa de "Su Excelencia el Generalísimo", no le gusta navegar en el "Azor" y siente especial predilección por Alfonsito (el Excelentísimo alcalde de la ciudad, Don Alfonso Molina). Súa vida transcurre entre las joyerías y los anticuarios de la ciudad -para espanto de los propietarios-, sus nietos y los compromisos ineludibles que el altísimo cargo de su marido le imponen. Es feliz en el Pazo de Meirás, e si por ella fuera, permanecerían en la Coruña más tiempo del que la prudencia obliga. Si ya se celebraban consejos de ministros allí, por que no se podrían celebrar más. Además, Paco, su marido, no debería trabajar tanto. Doña Carmen porfiaba en esto, como todas las mujeres cos sus maridos, tanto trabajar, tanto trabajar y cualquier día, toda España, iba a tener un disgusto. Hay que tener en cuenta que, a estas alturas del siglo, 1.958, Paco, su marido, o sea, el "Generalísimo", ya era abuelo y cumpliera los 66 años.
POLO DE FRANCO