El director de la obra vuelve 42 años después al pueblo de su madre, Quintana de la Serena en la provincia de Badajoz, un viaje cargado de emoción para encontrarse de lleno con la historia de su abuelo Pedro, fusilado junto a otros 72 vecinos y vecinas de su pueblo en la finca anexa al cementerio de la localidad, el 27 de abril de 1939. Un trabajo cargado de poesía y delicadeza con el que el autor ha querido rendir un sencillo homenaje a su abuelo y también a su abuela, que después de este hecho salió de su pueblo con sus tres hijos con dirección al País Vasco para no volver nunca más a su pueblo, ni siquiera el día que exhumaron a su marido. Se trata de un ejercicio escénico usado para ejercer el derecho a la reparación moral y a la recuperación de la memoria personal y familiar.