28 de septiembre de 1975. Campos de Sport de El Sardinero.
Domingo de partido. El Racing de Santander recibe al Elche en la cuarta jornada del campeonato de Primera División. El colegiado pita y el encuentro comienza.
Sobre el césped, el juego transcurre con absoluta normalidad, pero un murmullo surge en la grada cada vez que los jugadores locales Aitor Agirre y Sergio Manzanera tocan el balón. En las mangas blanquiverdes de sus camisetas, el delantero centro y el extremo racinguistas llevan dos cordones negros a modo de brazaletes.
Ellos dos fueron las únicas personas, de las miles que estaban aquella tarde en el estadio santanderino, que, con ese pequeño gesto, se atrevieron a desafiar a una dictadura moribunda y a protestar contra los últimos fusilamientos del régimen franquista.
Brazaletes, la nueva producción de Amorodio Teatro, toma la acción simbólica de Aguirre y Manzanera para vertebrar un espectáculo sobre futbolistas comprometidos en “la noche más larga” de la historia de la humanidad, como cantó Luis Eduardo Aute.
Jugadores gallegos como Bebel García, el capitán del Dépor fusilado al inicio de la Guerra Civil, e internacionales como Sócrates, la estrella del Corinthians y de la Canarinha durante la dictadura militar en Brasil, suben a escena en este montaje unipersonal de Javier Castiñeira que busca cuestionar las políticas machistas, corruptas y violentamente capitalistas del llamado “deporte rey”.
Porque, como escribió Eduardo Galeano,
“por suerte, todavía aparece en las canchas aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”