Esta obra nace de nuevo de un encuentro entre tiempos y de la reflexión en torno a la figura de Abu-l-Walid Ibn Rushd, más conocido como Averroes: filósofo, juez y médico nacido en la Córdoba del Imperio almorávide. Para Averroes, la filosofía y la religión, entendida esta última como la interpretación filosófica del Corán, son caminos igualmente válidos para acceder a la verdad. Su pensamiento opera siempre en doble foco: lejos de contraponer filosofía y religión, la articulación entre ambas le permite formular ideas decisivas sobre la relación entre cuerpo y alma.
Samira, filósofa de ascendencia árabe y profesora en un instituto público, observa con lucidez la segregación racial presente en su centro. Desde ahí decide poner en marcha un proyecto que tienda puentes entre sus alumnos ofreciéndoles la filosofía de Ibn Rushd y, con ella, la cultura andalusí que de algún modo todos comparten. Si Averroes piensa rompiendo la dicotomía entre cuerpo y mente, es precisamente en esa intersección donde la obra sitúa su punto de partida proponiendo un dispositivo escénico que, desde lo físico, interpela también la razón del espectador.