Tienes 54 años. Comida de quintos, por primera vez en mucho tiempo. Ocho de la noche, tres cubatas en el cuerpo. En la oscuridad del tardeo has olvidado qué gente que hace tiempo que no ves te cae bien y cuál no. Te has puesto nostálgico. ¿Te acuerdas cómo actuabais en el patio del colegio? ¿O cómo fueron aquellos primeros Kilometroak juntos? No, tú tampoco los recuerdas muy bien, al menos algunas partes... La nostalgia abre paso a la valentía y te animas a hacer algo que nunca habrías hecho por el quiosco de tu barrio de toda la vida. Una obra que pone en refleción el estado actual de la inaccesibilidad de las viviendas para jóvenes.