El espectáculo no cuenta una historia: propone un viaje.
Un viaje articulado por la dramaturgia y, de manera
inseparable, por la música. La partitura sonora transita
desde sonidos tecno que conectan con el galope de los
caballos —tan presentes en la obra de Lorca, con
simbologías tan diversas: la sexual, la violencia, la
huída— hasta la presencia coral permanente de las tres
actrices, que ofrecen versiones novedosas de canciones
asociadas al poeta y de los poemas de Nueva York.
Quinto “Lorca” de Atalaya, en su quinta década de
trayectoria, coincidiendo con el 90º aniversario de su
asesinato y el centenario del Veintisiete. El cinco: número
lorquiano