Arrabal Tango Club no es un recital de tangos: es un club nocturno que se monta en el escenario. Mesas de café, sillas de madera, un piano blanco iluminado por dentro y una guirnalda de bombillas convierten el teatro en uno de esos sótanos porteños donde el tango se cantaba de verdad, entre copas y conversación.
Al frente está Maxi Martínez, crooner argentino afincado en España, cuyo debut discográfico Inefable se grabó entre los estudios Abbey Road de Londres y Los Ángeles con Paquito D'Rivera, Ara Malikian y Chucho Valdés. Su lectura del tango llega desde el jazz: fraseo de cantante de club, arreglos que respiran y una banda que acompaña en vez de subrayar.
El repertorio recorre el tango, la milonga y el vals criollo —de Gardel a Piazzolla— e incluye La cita, tango de autoría propia. La formación es de cuarteto y voz: bandoneón, violín, piano y contrabajo, con variantes de quinteto y la opción de incorporar una pareja de bailarines.
Un espectáculo de aforo medio, escenografía propia y ficha técnica ligera, pensado para teatros, auditorios y festivales.