En CÓDIGOS, Eduardo Guerrero parte de esa memoria para preguntarse qué permanece y qué cambia cuando un lenguaje
continúa vivo. Lejos de entender la tradición como un territorio inmutable, la aborda como un organismo en constante
transformación, donde cada intérprete descubre una forma única de habitarla; una búsqueda sobre aquello que permanece
cuando todo cambia. El cuerpo se convierte en un territorio de memoria y descubrimiento; un espacio donde conviven el
gesto heredado y la intuición, la disciplina y el riesgo, la raíz y el impulso de avanzar.