Dos hombres ven pasar las horas sentados en una mesa. Beben en soledad y en silencio. Habitan un tiempo extraño y desconocemos qué los une. No se ven. Permanecen suspendidos entre la vigilia y el sueño. En esta ensoñación provocada, su realidad empieza a alterarse; se doblan, se estiran, ninguna lógica explica sus movimientos. Dos horas de vida activa y veinte horas de sueños.