Dos cuerpos se encuentran y, a través del movimiento, construyen un diálogo donde el contacto despierta la memoria.
Desde la danza contemporánea, el contacto, la acrobacia en pareja y una intensa fisicalidad teatral, los intérpretes recorren un paisaje emocional donde el cuerpo escucha, sostiene, resiste y recuerda. En diálogo con cada espacio, la acción escénica convierte la ausencia en presencia y la memoria en un acontecimiento vivo.
Saudade propone una experiencia sensorial en la que el movimiento se convierte en lenguaje y el cuerpo en archivo. Un viaje hacia aquello que permanece, incluso cuando todo lo demás ha desaparecido.
La pieza es una oda a la memoria inscrita en los cuerpos y en los
espacios que los acogen. Los lugares recuerdan, transforman y son transformados por quienes los habitan.