Ya no quedan manos que se manchen de barro. Nunca más cegados por el sol. La unión de elles está rota, truncada, sin ritmo. Venid y bailad pues todo lo cria la tierra, todo se lo come el sol. Que el sonido de tus panderetas resuene por mis huesos.
¿Me reconozco en mis iguales viviendo fuero de la tierra que me vio nacer? ¿Tengo una cultura que me sujete y me construya? Llamarnos diáspora nos ayuda a tomar control sobre nuestra identidad aunque estamos “fuera” o “lejos” de nuestra tierra; tomamos esa consciencia para acercamos el presente y a nuestra cultura tradicional.