REGISTRO

ESPECTÁCULOS

Romina Doce
Danza

microdesfase: desajuste para voz y espacio

Subgénero:
Nuevas vanguardias
Duración:
00:30
Fecha de Estreno:
02 julio 2026
Compañía/Artista:
Blanca Tolsá
Distribuidor/a:
Blanca Tolsá
Coreografía:
Blanca Tolsá
Dirección:
Blanca Tolsá
Intérpretes:
Blanca Tolsá (Ontinyent, 1991) es bailarina y coreógrafa establecida en Barcelona. Su investigación artística explora la relación entre voz, movimiento y sonido, poniendo el foco en sus asincronías. A través de sus piezas propone espacios que juegan con la percepción y conducen hacia lo ilusorio, lo dislocado y lo disonante. Como intérprete ha recibido el Premio Butaca 2020 por Wu Wei, de Raquel Klein; y el Premio de la Crítica 2024 por La Quijá, de Siberia Paloma Muñoz. Albert Tarrats (Barcelona 1988) trabaja con sonido y electrónica explorando formatos auditivos alternativos y la relación con el espacio, a través de performances en directo y de la construcción de objetos y dispositivos sonoros. Actualmente, está investigando cómo comprimir montañas y es editor de Radio MACBA.
Traducción:
no hay texto
Adaptación:
espacialmente se puede adaptar a cualquier lugar interior o semiexterior, siempre que presente acústica reverberante.
Escenografía:
Blanca Tolsá y Albert Tarrats
Vestuario:
Carla San Martín y Blanca Tolsá
Música:
Blanca Tolsá
Iluminación:
Albert Tarrats
Sonido:
Albert Tarrats
Formato:
Pequeño

microdesfase es un dispositivo escénico donde dos intérpretes utilizan la acústica de arquitecturas reverberantes para activar un espacio caleidoscópico a través de la danza, la voz y su modulación en vivo. Una presencia despliega notas que ponen en vibración la sala, mientras la otra modela en tiempo real la respuesta técnica del sistema. Juntas configuran un organismo expandido donde cuerpo, sonido, tecnología y espacio se afectan mutuamente.


A partir de la insistencia en un tono ligeramente inestable aparecen microdesplazamientos y tensiones armónicas, microtonalidades que emergen como un relieve sutil y orgánico, un espejismo auditivo que abre la puerta a la alucinación. La vibración inyectada en el espacio regresa transformada: la arquitectura respira, responde de forma impredecible y reaviva su memoria, dejando de ser un entorno inerte para convertirse en un cuerpo poroso y compartido, que se interroga a él mismo.


La pieza propone una experiencia perceptiva múltiple y envolvente en la que el sonido parece provenir tanto del cuerpo como del aire que lo rodea desdibujando la frontera entre emisión, eco y reflejo, invitando a habitar un territorio de ilusión auditiva y alteración sensorial placentera.

Romina Doce
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