Poco podía imaginar la actriz, y por aquellos tiempos Ministra de Cultura de Grecia, Melina Mercouri, que su idea de crear cada año una Capital Europea de la Cultura, se consolidaría como una de las mejores propuestas culturales y turísticas del viejo continente. Y que tres ciudades de su país ostentarían este título en los 21 años de trayectoria de su iniciativa.
Inauguró la iniciativa Atenas en 1985 y le siguió Salónica en 1997. Este año, 2006, le toca a Patras. España ha tenido tres Capitales Europeas de la Cultura: Madrid en 1992, Santiago de Compostela en 2000, cuando excepcionalmente se decidió que hubiera nueve ciudades culturales, y Salamanca en 2002. En 2016 España volverá a tener una Capital Europea de la Cultura y pelean por ser su sede Córdoba, Málaga, Cáceres, Tarragona, Zaragoza, Segovia, Santa Cruz de Tenerife y tal vez alguna otra. Para el próximo año ya calientan motores la rumana Sibiu y Luxemburgo. En 2008 serán Liverpool y Stavanger (Noruega); Linz (Austria) y Vilna (Lituania) en 2009 y ya se han fijado los países, no las ciudades, que serán sedes hasta 2019.
El título de Capital Europea de la Cultura, a diferencia de las Expos, Juegos Olímpicos o Campeonatos de Fútbol, permite a cada ciudad elaborar una serie de actos y acontecimientos en torno al amplio abanico de la cultura, durante todo un año que permitan atraer visitantes, conseguir promoción (buena prueba puede ser este reportaje), mejorar sus infraestructuras y, en algunos casos, ser simplemente situadas en el mapa y tenidas en cuenta para el futuro.
Este puede ser el caso de Patras, la Capital Europea de la Cultura de este año, una de las tres mayores ciudades griegas que hasta ahora se había distinguido como un importante centro comercial e industrial, destacando en la fabricación de ladrillos y azulejos, en industria alimenticia, naval y textil y en exportaciones de pasas de Corinto, vino, aceite de oliva, cítricos y curtidos.
Las organizaciones sindicales lo consideran un avance significativo.
Durante tres meses, decenas de estudiantes participaron en “Ser joven o cómo dejar que la naturaleza recupere su estado salvaje”, una experiencia de creación escénica colaborativa que convirtió las aulas en espacios de experimentación artística, reflexión colectiva y cuidado. El proyecto culminó el pasado 4 de mayo con un encuentro en el Teatro José María Rodero, donde alumnado, docentes, artistas y agentes culturales compartieron el recorrido vivido y celebraron un proceso que situó a la juventud en el centro de la creación.
El teatro romano de Mérida fue el escenario de la ceremonia de entrega el 1 de junio.