La noche del sábado 10 en la capital escocesa se estrenó a cargo de Savall de L'Orfeo de Monteverdi,con gran aceptación por parte del público al igual que con la presentación en versión concierto de la ópera de Vivaldi Orlando furioso. Una soberbia versión del corso Jean-Christophe Spinosi,
El arrollador empuje de los grupos británicos de música antigua ha languidecido, dando paso a una nueva generación de intérpretes del sur de Europa que, con impetuosa fuerza y nuevos repertorios todavía no explorados -o reinterpretando en modo nuevo los ya transitados- han aportado savia nueva. Uno de ellos es Jean-Christophe Spinosi, nuevo paladín de las obras ignoradas de Vivaldi.
El compacto y sobresaliente reparto de solistas con el que contó ayudó no poco a Spinosi a lograr este enorme éxito. La extraordinaria partitura de Vivaldi que, con el magnífico libreto de Grazio Braccioli, se mantiene fiel a la inmensa grandeza de la magistral colección de cantos en estrofas rimadas que forman el universo del Orlando furioso (1507-1532) de Ludovico Ariosto, está erizada de difíciles arias que requieren no sólo de un gran conocimiento del canto vivaldiano, sino también un elevado virtuosismo para sortear las espinosas coloraturas.
Las mezzosopranos Sonia Pina, inmensa y comunicativa como Orlando, y Jennifer Larmore, elocuente y dúctil como Alcina, sobresalieron en un reparto del que el magnífico contratenor francés Philippe Jarousski, un dulce Ruggiero, se convirtió en el gran triunfador de la velada.
Su sorprendente y cristalina voz, propia de un infante cantor pero en el cuerpo de un adulto de 29 años, conquistó al público desde su estremecedora interpretación de esa joya vocal que es el aria Sol da te, mio dolce amore, con la que arrancó gritos de "bravo". Ajustado el resto del reparto -el barítono Christian Seen y las mezzosopranos Barbara Di Castri y Daniela Pini- en el que cabe destacar la dulzura y expresividad de la soprano Veronica Cangemi.
Las organizaciones sindicales lo consideran un avance significativo.
Durante tres meses, decenas de estudiantes participaron en “Ser joven o cómo dejar que la naturaleza recupere su estado salvaje”, una experiencia de creación escénica colaborativa que convirtió las aulas en espacios de experimentación artística, reflexión colectiva y cuidado. El proyecto culminó el pasado 4 de mayo con un encuentro en el Teatro José María Rodero, donde alumnado, docentes, artistas y agentes culturales compartieron el recorrido vivido y celebraron un proceso que situó a la juventud en el centro de la creación.
El teatro romano de Mérida fue el escenario de la ceremonia de entrega el 1 de junio.