“Le jeu de l’amour et du hasard” (El juego del amor y del azar), de 1730, es una de las comedias más ‘populares’ de Marivaux. Salvador Oliva firma la versión en catalán, dirigida por Josep Maria Flotats, que estará en el Teatre Nacional de Catalunya hasta el 22 de junio.
03 de junio de 2014Medio siglo antes de la Revolución Francesa, el extraordinario grado de refinamiento con el que se expresa la lengua de Marivaux se adentra en territorios de indefinición, incertitudes y esterilidad que preludiarán un final de época a la hora de entender el lenguaje en las relaciones humanas y, a su vez, la manera de concebir la colectividad.
En un momento en que la razón práctica burguesa empieza a revolucionar el modo de entender los códigos sociales, el ‘marivaudage’ es un canto de celebración a la galantería amorosa que explora los equilibrios entre el arte popular de la comedia del arte y la lengua aristocrática de salón, construyendo unos laberintos que esconden sombras entre las que laten algunas de las principales tensiones de su tiempo.
En esta comedia de Marivaux, la más conocida del autor, la aparente trasgresión de las fronteras de clase acaba convirtiéndose en un baile de disfraces en el que el verdadero protagonista es el papel de la educación como piedra angular en la construcción de la sociedad moderna.
“El juego del amor y del azar” traza un enredo al cuadrado. Orgón quiere que su hija Silvia se case con Dorante, hijo de un viejo amigo. Silvia se resiste, y para conocerle propone un trueque de roles con su criada Lisette. Pero Dorante ha tenido la misma idea, y llega como criado, bajo el nombre de Bourguignon, mientras que Arlequín, su sirviente, ocupa su lugar. Orgón y su hijo Mario conocen ambas argucias, pero deciden limitarse a observar, por diversión, por enseñanza o por crueldad secreta, a los cuatro jóvenes, que viven la sorpresa y el trastorno de encontrarse amando a quienes creen que no les han sido destinados.
El intérprete gaditano desarrolló una extensa carrera teatral antes de triunfar en el mundo del cine.
Las organizaciones sindicales lo consideran un avance significativo.
Durante tres meses, decenas de estudiantes participaron en “Ser joven o cómo dejar que la naturaleza recupere su estado salvaje”, una experiencia de creación escénica colaborativa que convirtió las aulas en espacios de experimentación artística, reflexión colectiva y cuidado. El proyecto culminó el pasado 4 de mayo con un encuentro en el Teatro José María Rodero, donde alumnado, docentes, artistas y agentes culturales compartieron el recorrido vivido y celebraron un proceso que situó a la juventud en el centro de la creación.