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La coreógrafa Crystal Pite firma el mensaje del Día Internacional de la Danza de 2026

La coreógrafa Crystal Pite firma el mensaje del Día Internacional de la Danza de 2026

El 29 de abril se celebra en todo el mundo una efeméride que quiere poner en valor una de las manifestaciones artísticas más inspiradoras y universales.

28 de abril de 2026

El Día Internacional de la Danza se celebra todos los 29 de abril desde que fue establecido en 1982 por el Comité Internacional de la Danza del Instituto Internacional del Teatro (ITI), conmemorando el nacimiento en 1727 de Jean-Georges Noverre, bailarín y maestro  considerado el creador del ballet moderno.

Cada año el ITI encarga a una personalidad conocida del mundo de la danza la redacción de un mensaje que se lee en todo el mundo. El objetivo de esta celebración y de ese mensaje es el de unir todas las danzas en este día, para celebrar esta forma de arte y mostrar su universalidad.

El Mensaje del Día Internacional de la Danza 2026 ha sido encomendado a la coreógrafa canadiense Crystal Pite. 

Mensaje del Día Internacional de la Danza

Por Crystal Pite

+ Descargar mensaje en pdf (castellano)

Los seres humanos se mueven —nuestros brazos se extienden, nuestras rodillas se flexionan, nuestras cabezas asienten, el pecho se repliega, la espalda se arquea; saltamos, encogemos los hombros, apretamos los puños, nos levantamos unos a otros y también nos apartamos. Todo esto es lenguaje, tanto como acción. Es lo que el cuerpo tiene que decir sobre la necesidad, la derrota, el coraje, la desesperación, el deseo, la alegría, la ambivalencia, la frustración, el amor. Estas imágenes irrumpen en la mente cargadas de sentido porque las hemos sentido con una pureza radical en el cuerpo —hemos sido conmovidos.

Somos bailarines, todos nosotros. La vida nos mueve; la vida nos danza. Tan efímera como el aliento, tan concreta como el hueso, la danza está hecha de nosotros. Esculpimos el espacio. Escribimos con el cuerpo en un lenguaje sin palabras que, sin embargo, comprendemos profundamente. Al danzar, habitamos con gracia el espacio interior y el que nos rodea.

Como la vida, la danza se crea y se destruye a cada instante. Como el amor, está más allá de la razón.

Me gusta pensar el cuerpo como un lugar; un territorio donde el ser se sostiene y toma forma. Cuando bailamos, estamos profundamente implicados en ese estar.

Escribo esto a comienzos de 2026, en un tiempo en el que la opresión, la convulsión y el sufrimiento parecen no tener fin en nuestro mundo. Cada día, al contemplar el horror de lo que los seres humanos somos capaces de hacernos unos a otros, y la maquinaria de poder que financia y alimenta una violencia indecible contra las personas y el planeta, la danza puede parecer una respuesta fácil, incluso inútil. Cuesta imaginar qué puede hacer un artista de la danza en un mundo que necesita con urgencia una transformación radical y sanación.

Y, sin embargo el arte, como la esperanza, es una forma de amor. Generativo incluso en la desolación, el arte disuelve la mente que se endurece y actúa como un bálsamo que la repara. Es un espacio donde sostenernos mientras nos enfrentamos a las preguntas —juntos— de un modo distinto al de las noticias, distinto al del documental o la educación, distinto al de la opinión y las redes sociales, distinto al del activismo y la protesta, aunque no incompatible con ellos.

A través de la creatividad, vamos acumulando resistencia y esperanza mediante pequeños actos de valentía, curiosidad, cuidado y colaboración. En la danza, y en el acto de crearla, encontramos la prueba de que la humanidad es algo más que su último fracaso colectivo.

Pero la danza no necesita justificación ni explicación. Está hecha de nosotros y, sin embargo, no nos debe nada. Solo necesita un cuerpo dispuesto a habitarla. Desde ese lugar, puede traducir lo inefable, actuando como mediadora entre nosotros y lo desconocido.

Nos conmueven esas huellas fugaces de belleza en el instante presente. Y al encarnar tanto la danza como su desaparición, recordamos nuestra propia impermanencia. Al mismo tiempo, si estamos atentos, la danza puede ofrecernos, de vez en cuando, un destello del alma.

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